La definición exacta de la política pública de Giammattei la expresó su ministro de Finanzas, Álvaro González Ricci: les “pela”. Él se queja que el audio del medio digital ‘Factor 4’, que se viralizó el martes en las redes sociales, sacó de contexto sus declaraciones. Es al revés. González Ricci ofrece el contexto de la lógica de gasto de su Gobierno.
Puedo imaginar que el ministro oyó a más de algún keynesiano argumentando sobre fortalecer la demanda para que la oferta no se deprima, y así evitar que los precios se caigan y los motores de la economía se detengan. No entiende que él es asistente de “administración” de un Estado fallido. Un Estado fallido no puede aplicar políticas anticíclicas, como las de Franklin Delano Roosevelt durante la Gran Depresión. Nuestro Estado fallido solo sabe administrar políticas criminales que dan rienda suelta a la corrupción en todas las escalas.
El problema real de la política pública de gasto en este Gobierno, durante estas emergencias, no es si Pedro Páramo se presentó cinco veces con distintos DPI a reclamar su bono de Q1 mil. O si 7 mil muertos fueron a cobrarlo (al cabo, sabemos que acá se ven muertos acarrear basura y desnudos guardarse las manos en los bolsillos). Ni siquiera que 9 mil pensionados complementan su magra jubilación con un ocasional Bono Familia, que no les correspondería. O si otros 45 mil que viven en el extranjero lo abonan alegremente a sus cuentas.
Esta es una forma maliciosa de apuntar hacia el pobre partícipe del engranaje del clientelismo, porque las actuales autoridades –chambonas técnicamente, pero muy perversas– se negaron desde marzo a actualizar las bases de datos de beneficiarios y a generar la información para conocer dónde están y quiénes necesitan los programas de asistencia en la emergencia.
Hasta la fecha, se han negado a que el INE levante encuestas de empleo e ingresos y sobre condiciones de vida. A estas alturas ya tendríamos por lo menos dos, y la ayuda sería pertinente. Pero, como lo confirma el ministro González Ricci, les pela.
Les pela la calidad del gasto del Mides, Mintrab, Maga, Mineduc, Minsalud y del resto de dependencias, como les pelaba adjudicar un contrato de Q14 millones en media hora para comprar, siete horas antes de que terminara el recreo de las discrecionalidades (el decreto de Estado de Calamidad), supuestas “galletas fortificadas”, sin haberse preguntado dónde estaban los niños beneficiarios.
Si eso les pela, ¿por qué no le va a pelar a Giammattei repartir Q600 millones en obras a los diputados “aliados”? ¿Por qué no otros Q81 millones en ‘cash’ y contratos a cambio de elegir la Directiva del Congreso 2021-2022?
La verdad es que a este Gobierno y Congreso, y sus compinches en el MP y la CSJ, les pela la gente. La peste y los diluvios les abre de par en par las arcas. Ellos, que decretan los Estados de Calamidad, son la peor calamidad que debemos soportar tres años más.
Tanta soberbia, prepotencia e insensatez debería de tener otras consecuencias, además de provocar muertes, profundizar la miseria, asfixiar las libertades democráticas y de abrir de par en par las puertas del Estado al crimen organizado. Pero la ira de la población aún está contenida. Solo cuando se active el resorte de la indignación movilizada espontáneamente como energía humana, les dejará de pelar.