Un mejor futuro ¿Con este presente?

Si fuere real y aplicable acá en la tierra, aquello de que caminos largos, angostos y tortuosos llevan a mejor vida, este pueblo la tendría ganada, de ida y vuelta. Se trata, como sabemos, de un subterfugio. Para evitar rebeliones a un destino que se supone manifiesto. Un señuelo, para explicar ¿Por qué? aquello –que aprendemos en casa– trabajar y empeñarnos abrazados a ética y honradez, nunca gratifica a la mayoría de este pueblo. Así crecemos y pronto vamos dándonos cuenta que las cosas no son lineales. Al contrario, vemos pasar raudos y veloces a mañosos emprendedores, asidos a corrupción o explotación al prójimo. Sin embargo, la mayoría, mansos, seguimos lo dicho en casa.

La idea de la nota no es el lamento, menos una digresión filosófica o espiritual, para la cual no me dan el ancho las ideas, voy al terreno de lo concreto: Para empezar, los rapaces nos gobiernan: Allan, Alejandro y cohortes. Su técnica favorita: atole con el dedo, complementan aquello, con reiterarnos, que mañana tendremos un futuro mejor, y para que quede constancia que no es demagogia interna. Se comprometen ante el mundo, así orondos –sus pares antecesores– suscribieron las Metas del Milenio en el 2000: reducir pobreza a la mitad en 2015. En quince años en este solar creció. Dimos “explicaciones” al mundo y este acepto. Sin embargo, el general –de capa caída– presidente cuando se elaboró el nuevo compromiso, –2014– presto se comprometió a la fase II: Objetivos de Desarrollo Sostenible. No reduciremos la pobreza, bufó: la erradicaremos en el año 2030. Luego Maldonado Aguirre suscribió la Declaración formal en 2015. De allá para acá no hemos hecho absolutamente nada, para lograr aquello. Ahora vendrán con la excusa de pandemia y tormentas. Patrañas. Ya veníamos años atrás con “avance” cero.

Llego al hoy. Para empezar y a pesar de que llueve sobre lo talado, seguiremos igual, la institucionalidad, solo sirve para otorgar licencias deforestadoras. Rebajamos –orgulloso de ello el presidente– presupuesto para agricultura, rendimos pleitesía al fundo agroexportador, que depreda. Drenamos intencionalmente nuestra capacidad productora de alimentos, dejamos con presupuesto precario atención a desnutrición. Haremos demagógicas campañas “para abatirla”. No aplicamos política de vivienda. Para que. Los pobres viven bien en asentamiento y votan por la nomenclatura corrupta. Educación desfasada, salud pública, sin calidad. Agredimos al PDH y boicoteamos la observancia de Derechos Humanos. Eso sí, garantizamos almuerzos a tribunos, nada de frijolada, compramos seguros a cuates y reprimimos al pueblo. Dígame ¿esto es construir futuro promisorio?

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Author: Maria Suarez