En el complejo ambiente de las nuevas realidades que se están configurando como componentes de la denominada sociedad de la información y el conocimiento que caracteriza al presente siglo, la democracia luce convulsionada y reflejando preocupantes signos de deterioro que ponen en peligro su vigencia como el sistema que históricamente ha representado la forma más civilizada de gobierno de la que se ha beneficiado la civilización occidental.