Al Consejo Nacional Electoral lo han convertido en un moustruo invasivo. De ser un más o menos discreto poder con aparición regular en períodos electorales, se ha querido lucir como un opulento aparte arropador (no para cobijo); durante el período que va luego de la democracia, en mando simulado de militares, ha ido expandiendo su dominio, controlado absolutamente como está por el régimen criminal. Es abusivo su modo, así como su más que chocante espetar económico en un país miserabilizado.