El discurso oficial del Gobierno cubano -en sintonía con aliados como el ruso y el chino- insiste en que solo aquellas causas y organizaciones sociales que responden a sus directrices son legítimas. Que no puede existir protagonismo civil al margen de las metas autorizadas por el Estado. Y que cualquier intento autónomo de incidir en la agenda pública, en especial aquellos que reciben algún apoyo externo, es simple y llanamente mercenarismo. Obra subversiva de marionetas al servicio de potencias extranjeras.