Niño Jesús, te escribo esta carta para agradecerte todo lo que haces por nosotros cada segundo. Consciente (hasta donde mi humanidad me permite) de tu labor celeste y de lo ardua de tu responsabilidad para con la existencia, así como del inmenso sacrificio que como adulto realizaras por saldar nuestras cuentas, y de darnos la oportunidad de entender nuestra inmensa capacidad de amor, te escribo este (para nada original) texto, infundido de veneración y esperanza en la vida y el porvenir.