El hombre que espiaba

Justo en el momento en que nos aprestamos a celebrar los 200 años de la novela de espionaje, fallece John Le Carré uno de sus más dignos representantes actuales. El autor de personajes emblemáticos de la literatura de espías como George Smiley, y de libros que marcaron la ficción contemporánea como ‘El espía que surgió del frío’, ‘El topo’, ‘El sastre de Panamá’ o ‘La chica del tambor’, murió como había vivido, muy discretamente. Una neumonía acabó con su silenciosa y en algún momento ajetreada vida, el pasado fin de semana. Tenía 89 años. Fue uno de los grandes escritores ingleses de la última centuria y junto a compatriotas suyos como Graham Greene o Somerset Maugham le otorgó cierta profundidad filosófica a un género considerado popular y de consumo. Sus novelas nos muestran un lado oscuro, pero a la vez profundamente humano, de uno de los oficios más inquietantes y vituperados que existen.

Como Greene y Maugham, Le Carré perteneció a los servicios secretos británicos. A diferencia de sus ilustres colegas, no era un escritor que vio en el espionaje una manera peligrosa de vivir la vida, sino al revés, un espía que encontró en la literatura una forma de darle sentido a lo vivido. Más que literarias, sus disquisiciones fueron éticas y morales. La reflexión sobre la mentira, atraviesa toda su obra. Aunque también una lúcida mirada sobre esa línea divisoria, cada vez más ambigua, entre la inteligencia y la tontería, entre lo noble y lo canalla, entre la lealtad y la traición. En este sentido, su obra más interesante quizá sean sus magníficas memorias, ‘Volar en círculos’, donde confiesa: “Nací para mentir, sin esa habilidad, no habría sido novelista”. Ni espía.

La visión de Le Carré sobre su oficio es dura y desencantada, los espías no son seres extraordinarios y privilegiados, sino simples funcionarios de un régimen cualquiera. Tipos grises que mienten, asesinan, traicionan por una causa que los juegos del poder vuelven oscura e incierta. 

La Guerra Fría fue el escenario y el asunto de la vida y la escritura de Le Carré. De toda la sangre y la miseria que corrieron, el escritor rescató un alto sentido de la democracia y un rechazo absoluto por el autoritarismo político. En sus últimos años, viendo el rumbo que tomaban los acontecimientos en un mundo en donde ya no se reconocía, se preguntaba: “¿Qué nos ha pasado, qué ha pasado con la gente moderada, decente, con los pragmáticos?”.

Hace dos siglos nació la novela de espionaje, con la publicación en 1821 de ‘El espía’, debida al estadounidense James Fenimore Cooper, el mismo de ‘El último mohicano’. Ya en esta obra aparece una interesante reflexión sobre las paradojas y miserias del oficio. Un antecedente del género, podrían ser los pasajes que ‘Casanova’ cuenta en sus ‘Memorias’, sobre sus servicios como espía mercenario a la orden de varias cancillerías europeas. Relatos que muchos calificaron de mitomanías, es decir, literatura. De todas maneras, como nos recuerda Le Carré: “Un escritorio puede ser un lugar peligroso desde donde observar el mundo”.

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Author: Maria Suarez