En épocas de recesión económica las empresas reducen sus ventas, las cuentas por cobrar se hacen más difíciles de recuperar, los proveedores recortan los plazos de crédito, las posibilidades de conseguir crédito se limitan y la posición de caja se ve presionada por falta de liquidez que puede traducirse en insolvencia y hasta quiebras. Los empresarios deben tomar precauciones para que las disponibilidades puedan preservarse lo más posible y que sus proveedores y banqueros puedan prolongar el plazo de los créditos. Los créditos de las entidades comerciales se hacen necesarias y los mecanismos para agenciarse de recursos se convierten en claves para darle sostenibilidad a los negocios.
En otros países con ambientes financieros más sofisticados existen herramientas como el factoraje, el ‘leasing’, emisiones de valores en bolsa, los fondos de inversión y el financiamiento vía capitales de riesgo que vienen a apoyar el capital de trabajo de los negocios.
El factoraje es atractivo para pequeñas y medianas empresas, en particular durante los periodos de crecimiento rápido o escasez de ventas porque el flujo de efectivo es conservado y el riesgo minimizado. Sin embargo, organizaciones más grandes también pueden usar esos servicios como un instrumento para proporcionar el activo circulante adicional necesario para financiar su comercio. El factoraje es un mecanismo de financiamiento a corto plazo, por medio del cual las empresas le confían a una organización especializada la gestión de las deudas a su favor y de esta forma recuperan antes sus cuentas por cobrar.
Otra fuente no tradicional de fondos lo constituye el ‘Leasing’ o arrendamiento de bienes. Dicho servicio es proporcionado por empresas especializadas que adquieren los activos por encargo de los clientes, gozando estos últimos del uso de los activos a cambio del pago de rentas, trasladando la propiedad al término del contrato a nombre del arrendatario. Sirve para adquirir maquinaria, equipos, vehículos, sistemas de informática, inmuebles y otros bienes; servicio que aprovechan mucho las pequeñas y medianas empresas. Existe una iniciativa de ley sobre esta materia que se analiza en el Congreso de la República y que se encuentra en tercera lectura desde mayo de 2016, la cual establece el marco legal para que entidades comerciales, bancos y empresas financieras puedan ofrecerlo. La iniciativa de ley incluye la creación de contratos inmobiliarios, habitacionales y de vivienda de interés social. Solo falta que pase al Pleno para ser promulgada.
Hay otras fuentes como son las operaciones bursátiles para agenciarse de recursos sin recurrir a la banca. En Guatemala la Bolsa Nacional de Valores es una entidad privada donde las empresas pueden colocar pagarés, bonos y vender acciones para capitalizar sus negocios. El mercado de capitales y acciones en nuestro medio es incipiente en buena medida debido a que las empresas se resisten a abrir sus estructuras patrimoniales y que la ley del mercado de valores se encuentra desactualizada. Existen otras fuentes modernas de financiación como son los fondos de inversión y capital de riesgo, que son sociedades que adquieren participaciones accionarias minoritarias y ofrecen apoyo gerencial a las compañías.
Para que estas opciones se cristalicen queda en la esfera del Congreso de la República emitir el andamiaje legal a fin de que estas operaciones de financiamiento comercial se vuelvan una realidad; sobre todo en estos momentos difíciles de la crisis de salud pública que estamos atravesando que garantizaría liquidez necesaria a las empresas, sostendría los negocios la planilla de trabajadores y reactivaría la economía del país.