No podía ocultar el desespero. A las 3 de la tarde del domingo 6, guácharo rojo, el bandido García Carneiro, con voz de pánico, sentía el tsunami de la soledad en sus huesos. “vengan a votar, por favor, esto no está bien, estamos en precariedad”. Aquellas calles solitarias parecían atrapadas por la melancolía.