Tal vez nos asalte la ansiedad. Comprensible ante la ineficiencia diaria. Es fácil desmoronarse y creer que todo está perdido. Vivir en un país sin pronósticos siempre será complicado. Inescrutable posiblemente. Es común pensar en que perdimos el norte de la noticia confidencial y ya no creemos en las posibilidades. Terminamos enumerando toda la indignación que llega del exterior por nuestro país y somos nosotros realmente, quienes estamos curtidos en la pobreza y pasando el duro escalofrío de no saber qué hacer.