La trampa es un medio ingenioso para simular algo. El fraude perpetrado a la medida el 6D fue algo tan burdo que careció de mínima verosimilitud antes, durante y después de ejecutado. En los sistemas totalitarios la democracia pierde significado y se le niega a la sociedad cualquier tipo de mecanismo para buscar certidumbre, entre ellos, las elecciones libres para el cambio político. “Si no votan, no comen”, amenazaron días antes de los comicios; pero, en lugar del miedo y la sumisión, emergió una actitud de rebeldía que revela la profundidad de los valores democráticos y la dignidad del pueblo venezolano. Y es que hay una realidad que es inocultable y esa es el unánime rechazo al régimen por parte de la otrora base electoral del chavismo. Allí yace una fuera política y moral que dice: “El que no cree, no vota”.