En la reciente Navidad, Yakelin Timaure no adornó su casa con luces ni compró hallacas, la comida tradicional de su natal Venezuela. Tampoco les pudo dar regalos a sus dos hijos de 10 y 15 años, con quienes hace dos cruzó la frontera con Colombia por los pasos ilegales y caminó 500 kilómetros hasta llegar a Bogotá.
