La impunidad homicida de Trinidad y Tobago, por Antonio Sánchez García @sangarccs

Hubo un tiempo en que los habitantes del Caribe de procedencia colonial inglesa le sacaban el cuerpo al hambre y la miseria reinante en sus islas subdesarrolladas viniéndose al reino de los reyes magos del petróleo venezolano. Poco importaba el oficio, que los trinitarios que constituían la mayoría de los arribados a Venezuela para sortear su hambre no los tenían: podían vivir de heladeros, subiendo los empinados cerros caraqueños con su sabrosa y refrescante carga ambulante de ice cream. O haciendo los servicios de limpieza y mantenimiento de los hogares de las poco hacendosas dueñas de casa venezolanas. Venezuela se había convertido de la noche a la mañana en un reino de las Mil y Una Noches, lo que sobraban era dólares, no se encontraba a nadie nacido en sus tierras dispuesto a asumir el trabajo sucio y el auxilio de los vecinos – fueran caribeños, colombianos, ecuatorianos o chilenos – le venía al país de los súbita e inesperadamente multimillonarios como anillo al dedo.

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Author: Pablo Perez