Al menos, no salva a nadie aquí y ahora; probablemente en el futuro la vacuna contra el virus SARS-CoV-2 represente un punto de inflexión en la curva de contagios a nivel mundial. Punto de inflexión, más no vuelta inmediata a la normalidad. La razón es sencilla, que la vacuna esté siendo producida y distribuida en otros lugares no significa que esté disponible para nosotros. Esperar que gracias a la solidaridad de los pueblos hermanos vamos a obtener las vacunas que el país necesita resulta ingenuo; los políticos y autoridades de esos países están preocupados por la salud de sus propios pueblos, antes que por el bienestar de otros pueblos. Por si esto fuera poco, las complicaciones logísticas detrás de un plan nacional de vacunación son de tal magnitud que, incluso teniendo suficientes dosis a la mano, podría dar al traste con los planes de inmunización. Claro está, para lanzar una campaña de este tipo se necesita primero asegurar el suministro del producto; suponiendo que no hubiera problemas de abastecimiento a nivel mundial, haría falta tener los fondos contantes y sonantes para adquirir las dosis necesarias. En nuestro caso, esto no debería ser problema; bastaría recortar el gasto en alguno de los tantos rubros de gastos innecesarios para asegurar el monto que se necesita. Lo que sí podría ser un problema es el proceso de adquisición de las vacunas, como ha quedado probado con otros insumos médicos y quirúrgicos a lo largo de la pandemia; sobre todo, si se espera que estas adquisiciones se hagan de forma abierta, competitiva, transparente y al menor costo posible.
Sin ánimo de ser “ave de mal agüero”, algunas de estas preocupaciones deberían estar dentro de las consideraciones más importantes de los técnicos y asesores políticos que trabajan frenéticamente haciendo readecuaciones al Presupuesto para 2021. Mientras tanto vemos como la pandemia avanza en el mundo, de particular interés para nosotros, dada la cercanía y semejanzas culturales, la aceleración que el mal está teniendo en México durante las últimas semanas. Lo más seguro, incluso en el mejor de los casos, es que tengamos que esperar un buen rato antes que las mentadas vacunas estén disponibles para los grupos prioritarios de la población, como está sucediendo en el vecino país. Por nuestro propio bien, es mejor ser realista y aceptar que aquí y ahora la gravedad de la pandemia sigue siendo la misma de siempre, sino más grave todavía. Lo que menos quisiéramos sería tener que llegar a las medidas extremas que se tomaron a mediados de año; esta es una situación que no conviene a nadie. Por tanto, es momento de ser precavidos y no dar por sentado que, como ya la vacuna existe y probó ser efectiva, podemos regresar a nuestra vida de siempre.