La muerte de Maradona hizo que el mundo se inundara con un torrente mediático. Genial en la cancha, el 10 albiceleste cometió toda clase de tropelías fuera de ella y no tuvo empacho en reconocerlo. Su contradictoria personalidad lo convirtió en semidiós de la afición y pecador arrepentido. Aunque decidió su suerte, la sociedad del espectáculo, que estimuló sus caprichos y lo colmó de presiones, no fue ajena a sus despropósitos.
