Los come bosta, por Pedro Antonio De Mendonca

El olor a bosta es exquisito. Es el olor místico del trabajo del campo, de la producción, del dinero bien ganado. La bosta, en el llano, es un ícono de prosperidad, de sostenibilidad y también de libertad; es el olor de una naturaleza que es recia y noble a la vez. El olor a bosta es una carta de presentación enorgullecedora del llano porque es el de la infinitud de nuestras bondades. Yo amo el olor a bosta y sé de mucha gente –incluso que no es llanera- que también; por supuesto, conozco a su vez a muchas personas que aman ejecutar el trabajo que lo produce. Somos los huele bosta. Pero, a lo largo de mi vida –y sobre todo en los últimos años-, me he percatado de que hay gente que odia ese olor y lo que él representa: el trabajo fajado, la naturaleza, el dinero. Gente que detesta el olor a bosta y que, sin embargo, ama su sabor. He entendido que el mundo siempre ha estado lleno de ellos y que, recientemente, han sido más notorios. Son los come bosta.

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Author: Pablo Perez