El estruendoso silencio que se escuchó el 6 de diciembre es una muestra palpable que los venezolanos han despertado ante la realidad de un país con hambruna, con imbatible inflación, con un país en emergencia social y con urgencia moral. A pesar de las triquiñuelas inocultables y de un descarado fraude electoral, pareciera no tan distante ese momento de apartar ese espejismo de atraso y vergüenza para llegar al realismo – que no “mágico”- de repensar la inserción de Venezuela en el Siglo XXI, que nos ha dejado atrás lo que lleva de vida.