“Moria, más allá del infierno” o la esperanza entre el sufrimiento de los refugiados

El campamento de Moria, el mayor campo para refugiados de Europa, quedó totalmente arrasado por un incendio en septiembre. Miles de migrantes tuvieron que malvivir varios días a la intemperie, hasta ser reubicados en otro centro construido urgentemente en la misma isla.

Pero antes de la destrucción de Moria, Mortaza Behboudi, un periodista afgano refugiado en Francia, y el padre Joyeux, responsable entonces del servicio jesuita de los refugiados en Atenas, decidieron vivir el confinamiento con los “grandes olvidados” de la pandemia del coronavirus. 

Durante más de seis meses, comparten su vida, la indignación, los problemas, la injusticia, pero sobre todo, la esperanza de vislumbrar la luz al final del túnel, como se ve en el documental “Moria, más allá del infierno”, difundido el lunes en la cadena católica KTO.

La directora Laurence Monroe “quiso filmar a refugiados que han creado lazos, ayudando a los otros, siendo creativos y encontrando en este infierno un sentido a su vida”.

Junto a ella, codirige el documental Mortaza Behboudi, videasta afgano ahora naturalizado francés, que en 2015 tuvo que sobrevivir en las calles de París.

“Estar atento a lo que es hermoso”

Aunque en Grecia la población estaba desconfinada en la primavera boreal, el encierro de los migrantes de Moria se prolongó hasta seis veces desde marzo, pese a la ausencia de casos de covid-19. 

Pero “en medio de las dificultades (…) es importante estar atento a lo que es hermoso”, señala Maurice Joyeux en el documental, coproducido por Tita Productions y KTO.

“¿Cuántos refugiados hay en este campamento en los que nadie se ha fijado nunca?”, pregunta este sacerdote, que recorre las precarias instalaciones “al ritmo de las personas”, escuchando a los migrantes y alentándolos en sus sueños.

Uno sueña con guitarras, para poner música entre los jóvenes. Otro quiere fabricar cometas para arrancar una sonrisa a los afganos.

La adolescente Elaha sueña con una escuela para los más pequeños en Moria. Querría tener libretas y bolígrafos. Y cuando el sueño se hace realidad, “los niños la llaman profesora, y esto me hace feliz”, dice esta joven afgana.

“Hay sufrimiento, violencia, pero esto no me robará mi esperanza”, explica Maurice Joyeux a un grupo de refugiados africanos, cuya rabia acaba estallando delante de la cámara. 

“¿Qué es Europa? ¿No somos seres humanos?”, grita uno de ellos. “Vosotros dormís bien, vivís bien, coméis bien, ¿por qué nos tratáis así?”, dice entre lágrimas.

“Cada día se derrama sangre”

En este “lugar de tortura”, antes de que fuera devorado por las llamas, había hambre, miedo, suciedad… y miles de refugiados vivían hacinados en precarias estructuras.

“De noche, orino en una botella porque tengo miedo de salir”, cuenta un migrante africano en el documental.

“Cada día se derrama sangre en Moria”, dice Candie, refugiada de la República Democrática del Congo. “Me han violado aquí en Moria”, confiesa esta médica, que tiene miedo de ser asesinada si habla. 

Bajo su lona, distribuye a los migrantes enfermos los pocos medicamentos que tiene, sobre todo paracetamol.

Pero “en septiembre, todo el campamento se quemó. Milagrosamente no hubo ningún muerto”, concluye Mortaza, al final del documental. “Pero se acabaron las guitarras, los cometas, las pizarras, las libretas. Todo quedó reducido a cenizas”. Y ahora “queda todo por hacer para acoger dignamente a los refugiados”.

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Author: Maria Suarez