Fanfarrones, jaquetones, perdonavidas. Guapos, cuando van embutidos en sus chalecos antibalas y apoyaos, por un enjambre de guardanalgas -perdón, guardaespaldas. Pero correlones y asustadizos, en el lance hombre a hombre. La tarde del dron magnicida, en la avenida Bolívar, Caracas, lo vimos dar ejemplo, al, muy urgente, evacuar la tarima -evacuarla, literalmente- dejando, tras de sí, a su señora esposa, abandonada y triste. “¡Esa vieja, que se j…!” . Misma voz de mando oída y además vista en la videograbación del escrache de ciudad de México -los interesados pueden deleitarse viéndola en YouTube- de quien en medio de un carrerón dejó a, su propia madre, a merced de dos zagaletones, que no eran (gracias a Dios) sino un par de bolsas. Y si la cosa se pone demasiado, fea, se arrodillan, a lo general Madrino.