Dios mío, cuánto dolor nos ha causado la muerte de más de 20 venezolanos, que esperanzados y también desesperados, huyeron de su país, exponiendo su propia vida para buscar la Libertad lejos de la dictadura, pero que no conforme con lanzarse a alta mar en embarcaciones inseguras, se tropezaron con un gobierno, como el de Trinidad y Tobago, intolerante, indolente y cruel que decidió devolverlos al país del cual partieron.