La Tierra está a punto de finalizar un recorrido más en torno al Sol. Uno retorcido y fuera de ruta. Expedición de trescientos sesenta y seis pasos con muchas sombras que habremos de recordar. Pasamos por equinoccios y solsticios; experimentamos aguaceros, atardeceres luminosos y amaneceres de cálida estatura; tormentas perversas, granizos y chaparrones; días de mar y noches de escarcha. ¡Cuánto ocurrió durante este enmarañado año! El menos querido, el más sufrido, el más mortal de los últimos tiempos. Cubierto por la niebla.
Sin percatarnos, estamos en continuo movimiento, nos desplazamos en nuestra Vía Láctea, girando alrededor del Sol, a una velocidad de 30 kilómetros por segundo. El abrazo que efectuamos en dicha traslación determina un año, pero aún más sorprendente es la rotación de la Tierra sobre su propio “eje ideal”, la que provoca el día y la noche. Muchos cuartos menguantes y lunas nuevas, albas, ocasos y penumbras. Poesía. Auroras silenciosas recubiertas de sereno.
Y pasaron muchas cosas en nuestro tramo de Planeta Azul. Muchos se enamoraron y otros tantos olvidaron. Luciérnagas advirtieron la lluvia y seguramente los azacuanes habrán teñido de nuevo el cielo con nubes negras a su paso. Cantidades de besos quedaron suspendidos en el aire. Abrazos clandestinos. Nacieron, al menos, un par de quetzales y el Sol se tragó la neblina hasta que aparecieron las sombras del dolor de la gente. Parieron cientos de niñas entre los 10 y 14 años. Murieron niñas y niños diariamente, cuántos por el incontrolable flagelo de la violencia o del hambre. Migraron al norte cantidad de jóvenes por falta de escuela, oportunidades y trabajo. O sea, seguimos liderando las cifras de dolor. Vimos éxodos, una pandemia que desnudó nuestra perversa realidad, corrupción, abusos, burlas de tantos infelices políticos, tragedias con saldos irreparables…
Presenciamos retrocesos insalvables en materia de justicia, al colmo que la elección de magistrados sigue en un perverso suspenso. Los poderes del Estado capturados por el crimen. Presenciamos la verdadera radiografía enferma del sistema de salud. Educación insiste en seguir discriminando. Se expulsó brutalmente la posibilidad de combatir impunidad y corrupción. Se ignoró el hambre y la pobreza. Vivimos tragedias cuyo impacto lastimó a miles. Felizmente la inconformidad salió a las plazas, pero se esfumó demasiado pronto.
Sí, dejamos atrás un año de oscuridad que queda anotado en nuestra bitácora de piedra. Quizá el 2021 nos restablezca la voz colectiva, la fortifique, la vuelva piel. Quizá volvamos a entender la toral importancia de los derechos humanos. Quizá llegue la vacuna de forma equitativa. Quizá se elijan Cortes. Quizá se implementen programas serios contra el hambre. Quizá se piense una educación de calidad… Quizá decidamos ser los dueños de nuestra historia de una vez por todas y dejemos el silencio. Quizá digamos: ¡Basta!