Un nuevo humano está naciendo

Parecieran malos tiempos para hablar de esperanza: el panorama global es suficientemente desolador: personas en diversos países desvaneciéndose u observando la vida desde sus ventanas. Las pantallas hicieron de ventana al mundo, al amor, acaso a la posibilidad. 

Aquí en Guatemala la desesperanza y el dolor causado por la pandemia se suma a un estado de cosas como dos huracanes que azotaron a diversas poblaciones desatendidas y marginadas. También la pobreza y el hambre estructural en medio del desfalco cínico de los políticos es una bofetada para quienes necesitamos pensar el mundo desde la utopía. 

Aunque no estén al frente del poder, en diversos sitios del planeta hay comunidades ensayando prácticas de “buen vivir”, buscando formas equilibradas de relacionarse con la Madre Tierra. En Bangladesh hay grandes proyectos de huertos urbanos. 

En Bután hay un índice de felicidad y los niños meditan en las escuelas. En Guatemala en la aldea Copal se organizaron por la defensa del territorio y la vida.”El amor propio es cuidarse pero que mejor que consumiendo alimentos sanos y saludables para la tierra y para el cuerpo que son uno solo”, dice uno de los líderes. 

Las huelgas climáticas (más de 13 millones de personas) sacudieron al mundo.Para 2021, los ciudadanos europeos se despedirán de los plásticos de un solo uso. El Papa Francisco instó a los ministros de finanzas a poner fin a la dependencia global de los combustibles fósiles. En Brasil, el fotógrafo Sebastião Salgado y su esposa Lélia Deluiz (junto a un equipo) reforestaron 4 millones de árboles.  Diversos países le están apostando a hacer comunidad, a recuperar y construir el amor por la tierra, etc. 

Mi hermana que vive en Nueva Zelanda, cuenta que la cultura local maorí tiene en el Kaitiakitanga, el respeto y la protección de la Naturaleza, como parte de la identidad y de la organización social. Y así miles de historias de esperanzas por doquier. 

Hace unos días caminaba por el mercado de Antigua. No me decidí si comprar la fruta o no, le pregunté a una mujer indígena  “va estar ud aquí mañana”, me respondió: “si Dios me regala otro día con gusto estaré aquí”. Hay en la humildad de la gente Campesina e indígena que trabaja la tierra, una cosmovisión repleta de sabiduría de saberes de agradecimiento por el “préstamo” que es la vida, de saberse bendecidos por el acto de respirar, con nuevas razones para sonreír y florecer. Es una visión del mundo acaso sufrida que opta por abrazar el optimismo y la esperanza. Son acaso lecciones de humildad y dignidad que eligen hablar desde la alegría ligera que se construye con la voluntad. 

Ayer cuando intentaba armar los pedazos para poder articular las palabras desde los horizontes de utopías, una esperanza se posó sobre mi hombro. “La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose” dice Cortázar.  A cualquier lugar a donde miremos, si es con la voluntad hay razones para encontrar y construir horizontes de esperanza. 

Que estas transformaciones profundas que estamos viviendo sean gentiles con nosotros. “somos un inmenso verbo que construye. Somos el ser que es por la esperanza”. En el corazón de la naturaleza un nuevo humano está naciendo. Que juntos sepamos sanar y restaurar el corazón de la tierra. 

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Author: Maria Suarez