El gobierno de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner ha puesto la política exterior de Argentina al servicio de las dictaduras del castrochavismo bajo la jefatura de Cuba, respaldando a Venezuela, Nicaragua e interviniendo directamente para devolverle el poder pleno en Bolivia. Su agenda interna es la continuación de los 12 años del gobierno Kirchner, avanzando en la destrucción de la democracia y garantizando impunidad, convirtiendo delitos en política y delincuentes en políticos. Argentina es una democracia en destrucción y su gobierno castrochavista repite la aplicación del síndrome de la rana hervida.