La sede del Capitolio Federal de Venezuela ha sido trastocada en una sala de teatro al servicio de la narcotiranía que comanda Nicolás Maduro. Lo que se montó el pasado 5 de enero fue, sin duda alguna, una de esas obras escritas con la tinta de la arbitrariedad, igualito a como se escribió y se desarrolló el sainete de la Asamblea Nacional Constituyente, concebida con los fraudes denunciados oportunamente, dentro y fuera de Venezuela. ¿O nos olvidamos de las confesiones de los directivos de la empresa Smartmatic, ofrecidas desde Londres, el pasado 31 de julio de 2017? Es pertinente recordar que ese día, los gerentes de esa empresa que presta servicios electorales, admitieron, que entre las trampas que puso en marcha Maduro, para darse una Constituyente a su gusto, estuvo la bicoca de un millón de votos trucados el día anterior, o sea, el 30 de julio de 2017. Entonces ¿de qué nos extrañamos por lo que siguen haciendo?