La falta de gasolina, por lo menos, en los términos y cantidades normales que se conseguía antes de la crisis que vivimos en la actualidad, ha cambiado nuestra forma y estilo de vida.
En la práctica, he tenido que abandonar a mi mujer, a mis hijos y las actividades normales, que día a día, tenemos que realizar, para “llevar algo para la casa”. Es decir, el tiempo que perdemos aquí mendigando 20 litros de gasolina, padeciendo humillaciones de parte de quienes ejercen la coordinación y el control del suministro de gasolina, lo pudiéramos invertir en las actividades normales que debemos, por responsabilidad, realizar todos los días, reiteró.
Entonces, ocurre lo siguiente: Después de permanecer noches enteras desvelados aquí en la estación de gasolina, se va el biopago. Luego, y después de varias horas, hay que esperar que se restablezca el servicio. Es decir, todo es un problema, porque cuando “nos pela el chingo, nos agarra el sin nariz”, dijo apelando a un adagio popular
Luís Hidalgo | La Mañana Digital
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