Uno de los fenómenos que caracteriza a la política, es que su análisis está siempre asediado por la especulación. A menudo el comentario político se separa de los hechos -en otras palabras, se aleja de la realidad- y toma el camino de lo contrafactual, es decir, de lo que podría haber ocurrido y no ocurrió. Sobre la posible utilidad de este tipo de razonamientos, me adelanto a decir: no proveen más que ilusiones. Sirven para dar pie a distorsiones y falsos argumentos.