El poder no desgasta a quienes lo ejercen como servicio público. Asumir funciones que implican el bienestar y la calidad de vida de otros, así como, la preeminencia del país que se representa requiere de condiciones humanas excepcionales no hay tratamiento dosificado que pueda ayudar a un ser humano a darle representatividad de gobernante si no posee valores, principios y actitudes que garanticen el éxito de una gestión para bien de todos.