Arranca el año económico en la misma penumbra que reina desde hace siete años. No hay una decisión o promesa oficial que la alumbre. La única medida significativa que podemos vislumbrar este nuevo año, es la de rasurarle otros seis ceros al agónico Bolívar. Es lo que podemos esperar del cenáculo de nuestra política económica, de su llamado “estado mayor”, cuyas torpezas se imponen con estilo castrense. La desaparición en curso del Bolívar y la hiperinflación, que cerró en 6.500% en 2020, son los emblemáticos signos de una economía que navega como barco que perdió el timón en medio del océano. Es así desde 2005, cuando Chávez se autoproclamó comandante en jefe del Banco Central de Venezuela.