El de EE. UU. es un sistema electoral, arcaico -caduco para muchos- alambicado, quizás bizantino. Sin embargo, Freud, decía: “Uno, no es lo que es, sino lo que cree que es”. A los norteamericanos, por más de 200 años les han parecido sus votaciones confiables, eficaces y eficientes, cristalinas, hasta que advino el llamado trumpismo, con sus cargas de profundidad para desacreditarlo.