Aunque han transcurrido ya 29 años, las heridas ocasionadas por los movimientos golpistas escenificados los días 4 de febrero y 27 de noviembre del año 1992, siguen más abiertas que nunca. Aquellas andanzas sediciosas brotaron del vientre de esa logia militarista que llevaba mucho tiempo cocinando esas intentonas, hasta que encontraron apoyo en algunos factores resentidos que no habían podido superar sus fracasos en la arena política y económica del país, a los que el presidente Carlos Andrés Pérez calificó como los miembros de “La Rebelión de Los Náufragos”. La metralla buscaba liquidar la vida de un líder en pleno desempeño de sus responsabilidades como Jefe de Estado, esa vil acción fue frustrada por el valor que siempre caracterizó la vida de Carlos Andrés Pérez y por el firme respaldo a la democracia de la inmensa mayoría de los integrantes de la Fuerza Armada Nacional que paro en seco aquellos desafueros cuarteleros.