La Corte Penal Internacional, CPI, no se creó para derrocar gobiernos. De hecho, tampoco ha derrocado ninguno. Otra cosa, es que haya servido para apuntalarlos, para entronizarlos más y mejor, como ocurrió con las narcotiranías, primero, de Hugo Chávez y muerto o asesinado éste, de Nicolás Maduro.