En Venezuela la palabra “negociación” se ha vuelto muy peligrosa políticamente. Pronunciarla sin tapujos, asegura la ira de una buena parte de aquellos que hacen política a través de las redes sociales y de uno que otro “líder” (digamos), de algún partido político sin vocación real de poder. Es tan profundo el estigma, que decidí rezar un rosario completo para atreverme a pronunciarla en este artículo, más aún, ahora que vuelvo de mi descanso de la columna semanal. “Negociación”.