En el siglo XX, Venezuela implementó una generosa política de inmigración abierta y desinhibida. Llegaron migrantes de todos los continentes, venezolanizándose como ningún otro, se establecieron hombres y mujeres que fundaron familias, manteniendo también sus lazos con el país de origen, sin complejos. Contribuyeron con el país y el país contribuyó con ellos, dándoles una vida digna. Son muchos los hijos de inmigrantes que se han incorporado a la diáspora, pero los padres – aun gozando de la doble nacionalidad – quieren morir en Venezuela.