Los cubanos, y no otros, han hecho el milagro de prolongarle la vida a un régimen repudiado por la casi totalidad de los venezolanos. Su experiencia le permitía saber que, en Venezuela, era otro el procedimiento que debían aplicar. Lejos quedaron los masivos fusilamientos, la inclemente represión y el fanatismo que desplegó Fidel Castro en Cuba en medio de la Guerra Fría. Fue un inmenso laboratorio que supieron enlazar con los intereses geopolíticos anti-occidentales para garantizar la propia supervivencia de la cruenta dictadura isleña a la que Obama le sobó el lomo por un rato al reabrir su embajada.