La situación de Venezuela se torna cada día más peculiar. Es un caso único, digno de ser llevado al mundo del celuloide. En nuestro país ocurre todo cuanto pareciera inimaginable, aún, para aquellos seres de mentes prodigiosas, capaces de recrear cualquier fantasía. Así tenemos que hay un país, pero que presenta una disrupción que lo asemeja a un territorio de nadie o, mejor dicho, bajo control simultáneo de diferentes mafias. Hay una nación, pero sin que funcione el Estado de Derecho porque los cárteles han logrado hacerse con un estado narcotizado.