Ulrich Larsen es un James Bond de andar por casa. Sin traje ni Martini, ha protagonizado una de las historias de espías más rocambolescas que se han visto en pantalla recientemente. Solo que aquí todo es real. Este joven danés, cocinero prejubilado por enfermedad, se infiltró durante diez años en la dictadura más opaca del mundo, Corea del Norte, para conseguir pruebas de sus turbios negocios y lo logró. Con nota.