A Carlos Menem jamás se le escapó un detalle. Tenía la capacidad de entender los momentos históricos y jugaba siempre al borde para satisfacer sus intereses políticos. Podía cuestionar a la Casa Blanca y al Reino Unido y años después aceptar el Consenso de Washington y viajar a Londres para rendir homenaje a los caídos en Malvinas.
