Venezuela y los capitanes del naufragio, por Antonio Sánchez García @sangarccs

Conocí a Alfaro Ucero en una visita de cortesía que le hiciéramos representando al periódico EL NACIONAL, en su casa de Monagas, con Miguel Henrique Otero y Simón Alberto Consalvi. Viéndolo sentado en su sillón jubilar, rodeado de los trastos y adornos habituales en una vivienda de clase media provinciana venezolana- tejidos a palillo y almohadones bordados – , costaba habituarse a la idea de que ese hombrecito, otrora empeñoso y próspero vendedor de cigarrillos, era la máxima autoridad política del país que contaba con las mayores reservas petroleras del mundo, el amo y señor del principal y más importante partido del establecimiento, Acción Democrática, y que nada podía hacerse en las altas esferas de la administración pública sin contar con la aprobación de su alcabala. Al extremo que el político socialdemócrata más importante del país no cabía en su asombro al comprobar que el encargado por él de la privatización de la CANTV, Fernando Martínez Mottola, ya había hablado personalmente con él y había obtenido su aprobación ante una de sus medidas: “Usted me va a arruinar mis relaciones con el partido” le reclamó CAP, que de él se trata. A lo que el privatizador le respondió: “No, yo creo que no, porque esto que estoy hablando con Ud – despedir a dos altos funcionarios adecos de la alta gerencia de la principal empresa telefónica del país– “lo he hablado con Alfaro Ucero, y Alfaro está de acuerdo en…- ¿Usted ha hablado con Alfaro? – lo interrumpió Pérez asombrado por tal logro. “-Sí Presidente. Y esto mismo se lo he planteado a él.” “ ¡¿Usted habla con Alfaro?! ¿Usted es amigo de Alfaro? – le preguntó sin dar crédito en su asombro.” Ante la afirmativa respuesta de Martínez Mottola, le replicó Pérez sin dejar de mostrarse asombrado – él, el amigo personal del presidente Shimon Péres, de Felipe González, de Willy Brand y las principales figuras de la Internacional Socialista – “¡Caramba! Pero esto si es una buena noticia que usted me da – y todavía, descreído – ¿Y Alfaro le aprueba esos cambios?”.

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Author: Pablo Perez