Freddy Marcano: Cilindrada por credencial

No se explica la Venezuela actual sin las alcabalas. El objetivo de su existencia era controlar la delincuencia y el contrabando en lugares que se consideraban centrales para ello. Hoy las hay por doquier, en parajes desolados, calles, carreteras o autopistas, caseríos, pueblos, ciudades y hasta en el punto que usted menos se espera. Han sido parte de nuestra cultura por tiempos indefinidos; sin embargo, el Covid-19 las ha consagrado como nunca antes, en tiempos de restricción o de flexibilidad. Las hay policiales, pero abundan las de la Guardia Nacional, esto es, militares, quienes monopolizan la supervisión del tráfico peatonal o automotor en valles, costas y montañas. El alto número de estos puestos de vigilancia hace imposible la fiscalización personalizada, se hace aleatoriamente para justos y pecadores que pueden, después de la revisión pausada y temida, aunque no haya nada que ocultar, continuar su tránsito, o saber de una detención más de las veces arbitraria.

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Author: Pablo Perez