El 2020 será un año para el olvido, principalmente en materia financiera. La pandemia, es una amenaza para la vida y también para la actividad económica y, en efecto, las empresas fueron particularmente afectadas por las medidas de confinamiento. No obstante, aunque esto fue evidente para todo el planeta, dado que todos los países y gobiernos implementaron políticas fiscales que redujeron, y en muchos casos condonaron, el pago de impuestos, la administración pública en Venezuela fue ajena a todo ese acontecer y, contrario a la lógica elemental, no solo mantuvo su tradicional sordera sino que pisó a fondo el acelerador de la voracidad fiscal denominándola “armonización tributaria”. En el municipio Libertador (Carabobo) no fuimos la excepción, afortunadamente, la Cámara de Comercio de Libertador mantuvo de forma insistente la exigencia al gobierno municipal de revisar el impacto del incremento de impuestos resaltando sus obvias consecuencias en cierre de empresas y pérdida de puestos de trabajo.