La capacidad de resistencia de los empresarios y comerciantes venezolanos, es sencillamente admirable. Son miles de fábricas destruidas a lo largo y ancho del país que están a la vista de los venezolanos, como trofeos de reconocimiento de la fuerza arbitraria que sigue arrasando el aparato productivo de una nación que ve como se desvanece, día a día, su parque generador de bienes que ya no se pueden ni producir adentro y tampoco importar porque no hay divisas para sufragar esas compras.