El inolvidable Chelsea-Barcelona de 2009, que acabó con el gol “in extremis” de Andrés Iniesta que dio a los catalanes el pase a la final de la Liga de Campeones, dejó un regusto mucho más amargo en el vestuario británico, donde se desató el “caos”, según recuerda su exjugador John Obi Mikel.
