Llegaron de madrugada y en muchos casos se llevaron hasta las fotos familiares. Era marzo de 2003 y la noticia se fue completando a retazos en la medida en que los registros policiales se prolongaron y los vecinos comenzaron a dar la voz sobre las patrullas, los uniformados y los arrestos. Aquellas jornadas se conocerían más tarde como la Primavera Negra, una ola represiva que dejó profundas heridas pero también moldeó el rostro actual de la disidencia en la Isla.