Por más buena voluntad que exista, la mente conservadora no permite despegarse del statu quo; no abre paso a nuevas contribuciones pues las telarañas mentales estrangulan el pensamiento. Con el criterio conservador en el peor sentido de la expresión no hubiéramos pasado del garrote en la cueva, pues el primero que recurrió al arco y la flecha se salía de la rutina para instalarse en lo novedoso. Estar empantanado en lo usual no permite concebir adelantos y cambios, es decir, niega el progreso en todas las ramas posibles.