Como definición y categoría política su origen se ubica en la revolución francesa (1789). De allí surge la polarización entre el “antiguo régimen” monárquico o partidarios del rey y la monarquía y sus “contrarios” antimonárquicos y republicanos en su mayoría. La palabra “revolución” define a la izquierda y la derecha, es lo contrario-opuesto. Esta dicotomía se fortalece en 1917, con la revolución rusa y el concepto izquierda empieza a ser monopolizado por los marxistas. Simultáneamente se abre camino un concepto de centro, que trata de resolver lingüísticamente el dualismo: izquierda/derecha, asumiendo un punto medio “oscilante “entre “centro” “centro-izquierda” centro-derecha”, esta “nomenclatura” tiene algún sentido todavía hoy, en algunos países europeos y cada vez menos en la medida que sociedad y política se han vuelto más complejas y la dinámica misma se ha globalizado, y la tecno-ciencia va propiciando al “hombre uni-dimensional” en una economía de gran escala que crea al “hombre consumidor”, donde las diferencias antropológicas y culturales, se diluyen.