La Universidad de Los Andes, la venerable ULA, ha tenido que “celebrar” su aniversario en las peores circunstancias desde su fundación el 29 de marzo de 1785. Una alambrada de púas se ha tendido en sus predios para acosarla desde todos los flancos, especialmente desde el presupuestario, mecanismo que utilizan para ahogar a otras casas de estudios como lo hemos reseñado en las crónicas anteriores. Lo que se busca de la forma más ruin es reducir su crecimiento, mediante el control y la represión que termina asfixiando a los integrantes de la comunidad universitaria, haciendo gravoso el desenvolvimiento hasta llegar a paralizar sus actividades.