Por: Madrid Cienfuegos M.
En septiembre de 2021, se cumplen 20 años de la invasión a Afganistán liderada por las fuerzas estadounidenses y con la ayuda de los aliados de la OTAN. No obstante, al final de su mandato, Trump, anunció que retiraría las tropas de ese territorio antes del 01May21. Con la llegada de Biden al poder, éste anunció retirar las tropas antes del 11Sep21, en conmemoración de los ataques realizados por el grupo terrorista Al Qaeda. Una decisión que puede echar por tierra todas las negociaciones que se han sucedido en Afganistán. Los demás países de la OTAN anunciaron que ellos también se retiran. ¿Qué implicaciones traerá?
Toda guerra que se inicia tiene un costo político y económico, así como social. En Afganistán, al retirar las tropas los Estados Unidos, se puede crear, por un lado, un vacío de poder que pudiera conllevar al colapso del gobierno afgano, con la respectiva pérdida de poder. Todo ello, conllevaría a que los grupos talibanes tendrían mayor libertad de movimiento y aplicarán la justicia de acuerdo a su metodología: rápida y brutal, tal como venía ocurriendo antes de la ocupación por las tropas de la OTAN.

Ahora bien, Estados Unidos desde hace años, incluso con la gestión de Obama, ha estado involucrado en las negociaciones entre los talibanes y el gobierno afgano. Trump también hizo lo mismo en Doha, Catar, en septiembre de 2020, sin resultados efectivos, ya que los atentados por parte de los talibanes continuaron, lo que demuestra la poca disposición que tienen estos grupos para concretar la paz con el gobierno afgano.
Todas estas gestiones “diplomáticas” realizadas por gobiernos estadounidenses, fue con el fin de buscar una solución a un problema latente que no se solucionó por la vía militar, ocasionando más costos que beneficios, donde incluso la guerra en Afganistán representó la pérdida de 2.300 vidas estadounidenses, docenas de heridos, más de 2 billones de dólares, sin desestimar lo que representa para el gobierno afgano.
Unas fuerzas militares afganas debilitadas, y sin la presencia de militares extranjeros, será más fácil para los grupos terroristas imponer su poder militarmente. Las luchas por el poder, tensiones religiosas y divisiones internas que han generado violencia en el pasado, pueden volver a ser fuentes de inestabilidad, lo que no significa que actualmente no lo sea.

Sin embargo, cada presidente que transita por la Casa Blanca con respecto a Afganistán cambia la estrategia. Biden, no es la excepción, y aun cuando tiene mayoría en el Congreso, su decisión generó fuertes críticas y oposición bipartidista. situación muy diferente cuando Bush inició la invasión en 2001, contó con unanimidad. Entonces, otra de las implicaciones de esta decisión, es el costo político.
Tan es así que la senadora Jeanne Shaheen, una demócrata de Nueva Hampshire, tuiteó cuando la noticia de los planes de Biden comenzó a circular: “Socava nuestro compromiso con el pueblo afgano, en particular con las mujeres afganas”. Mientras que el líder de la minoría del Senado, Mitch McConnell, en plenaria del Congreso, , señaló “Aparentemente, estamos ayudando a nuestros adversarios a celebrar el aniversario de los ataques del 11 de septiembre envolviendo el país en papel regalo y devolviéndoselo”.
Por otra parte, Turquía, Catar y la ONU., han hecho esfuerzos en solucionar el conflicto a través de la negociación con todos los bandos afganos. Otro tanto, ha contribuido Pakistán, quien se beneficiará de que se logre la paz, por ser un país con el que comparte fronteras, además que con la paz instituida le generaría oportunidades comerciales. Asimismo, tanto China como Rusia han alentado un enfoque regional para facilitar el proceso de paz que ponga fin al conflicto afgano.
Si bien es cierto que China, ha realizado esfuerzos como “mediador neutral” entre el gobierno afgano y los grupos talibanes, y es un conflicto que se desarrolla en un país con el que solo comparte un lindero internacional de 76 kilómetros que separa a ambos en la zona llamada corredor de Wakhan. No obstante, China ha mostrado un gran interés en extraer los vastos recursos minerales no explotados en Afganistán, además de invertir cerca de USD 50.000 millones en proyectos de infraestructura en el vecino Pakistán como parte del Corredor Económico China-Pakistán, vinculado a la Iniciativa multimillonaria “Belt and Road”, estrategia económica de China, conocida como la Ruta de la Seda.
En tanto que Rusia, quien mantuvo la invasión en Afganistán desde 1979 a 1989, también ha realizado gestiones para las negociaciones de paz, señalando que su objetivo es evitar que el Estado Islámico se pueda expandir hacia Asia Central y llegar a cruzar sus fronteras. No obstante, de acuerdo a comandantes militares estadounidenses, Rusia mantiene estrecho contacto con los grupos talibanes y los apoya con armas para desestabilizar la situación.
En este sentido, para Rusia, su interés geoestratégico, superior a la paz, estaría supeditado a aprovechar la retirada de las tropas de EE.UU., y la OTAN para recobrar su poder regional, y con ello adaptar la nueva configuración de la situación a su propio beneficio.
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