Por: Madrid Cienfuegos M.
En el actual panorama internacional, y especialmente para las grandes potencias, el poder es un juego de suma cero: si un Estado pierde el control de un país satélite o de una región, pierde parte de su poder global, que necesariamente es ganado por otro actor del sistema internacional.
Asumiendo esta visión, de las relaciones internacionales, se comprende el actual conflicto entre EE.UU. e Irán, como escalando en intensidad, especialmente en la zona del golfo Pérsico con la realización de maniobras que se asoman a la amenaza. La situación no es nueva, durante la era del ex presidente Trump, cuando éste decidió retirar a Estados Unidos del acuerdo nuclear e imponer sanciones, en respuesta, Teherán amenazó con aumentar los niveles de producción de uranio al 60%, si Washington no regresaba al acuerdo y levantaba las sanciones a su país.
La anterior situación, no ha cambiado durante la reciente gestión del presidente Joe Biden, porque Estados Unidos no ha regresado al acuerdo y las sanciones continúan, sólo que estas son el mecanismo a través del cual Washington, espera lograr negociar con Teherán.
Ahora bien, con la postura intransigente de Irán para negociar el acuerdo nuclear de 2015, así como la presencia militar del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria en el área del golfo Pérsico, con el objetivo de obtener capacidad de injerencia en el tráfico de petróleo global, mediante el control o la amenaza sobre el estrecho de Ormuz, Irán ha demostrado el dominio que puede desplegar y que en cierta medida ha provocado una desestabilización del equilibrio de poder en Oriente Medio.
Todo lo anterior, ha supuesto una amenaza para los intereses estadounidenses en la región, y por consiguiente una dinámica de conflictividad, que ha provocado la configuración de una política en bloques confrontados. Por un lado, EE.UU., Arabia Saudí e Israel, y, por otro lado, Irán, Rusia y Turquía: dos bloques que pugnan por mantener la supremacía en Oriente Medio.
En este sentido, Irán busca proyectar poder en la zona, a través de la amenaza latente en aumentar la producción de uranio, y otro tanto, utilizando a la Guardia Revolucionaria a fin de impactar en el equilibrio de poder regional para garantizar la supervivencia del sistema de la República Islámica, tal como se ha visto recientemente con varias acciones y maniobras que ha realizado a corta distancia frente a buques militares estadounidenses en el golfo Pérsico, las cuales han sido repelidas por la Armada estadounidense, señalando que las acciones de los barcos iraníes “aumentaron el riesgo de desacierto y/o una colisión”.
Por lo tanto, Estados Unidos, no va a querer perder influencia frente a aliados regionales como Arabia Saudí e Israel. Su principal interés será frenar la política de proyección de poder que se esfuerza en mostrar Irán para restablecer un equilibrio de poder regional favorable a sus aliados, a fin de proteger sus intereses energéticos en el golfo Pérsico. Es decir, Estados Unidos, debe demostrarle a Irán, y por qué no a Rusia y Turquía, que su país es el que manda.
Arabia Saudí e Israel, buscan obtener un equilibrio de poder regional favorable a sus intereses, el cual se ha visto afectado precisamente por la política de influencia de poder de Teherán a través grupos terroristas y la amenaza de utilización de armas misilísticas.
En tanto que Rusia, tendría como principal interés, favorecer la desestabilización del “statu quo” en Oriente Medio a fin de restar poder a EE.UU., en la región y, por ende, disminuir su poder internacional. Otro tanto, lo está ya logrando con los acuerdos comerciales y de inversión que tiene con China.
Por su parte, Turquía, tiene interés en no favorecer el incremento del poder regional iraní (dado que ello afecta a su propia capacidad de injerencia en Oriente Medio) y, por otro lado, tiene interés en ganar independencia política, alejándose de la órbita estadounidense. Bien que le ha valido su relación con Moscú, donde ambos establecieron el Centro Conjunto de Observación turco-ruso en Nagorno Karabaj, cuando terminó el conflicto entre Armenia y Azerbaiyán, y donde Turquía apoyó a éste último.
Ahora bien, aun cuando Estados Unidos e Irán han aumentado la confrontación en la zona del golfo Pérsico, donde pareciera que están midiendo fuerza, ambos conocen los riesgos de cruzar la línea de un conflicto mayor, porque sin lugar a dudas, les traería más costos que beneficios. Para Irán, las sanciones no sólo han hecho mella en su economía, sino también el que no avance tan rápido en su programa nuclear, y por ello, la insistencia de que se levanten las sanciones, tanto de EE.UU., como de Europa.
Para Estados Unidos, una escalada armada desestabilizaría aún más la región con la expansión de los grupos terroristas al servicio de la República islámica, así como también, habría la posibilidad del bloqueo del estrecho de Ormuz. Es por ello, que a los dos les conviene negociar, sólo que las negociaciones no serán tan fáciles de concretar, porque las mismas implican que ambos tienen que ceder y ambos tienen que ganar.
La entrada Estados Unidos e Irán en el Golfo Pérsico. ¿Midiendo fuerza? apareció primero en CCNesnoticias.