Perseverar es la orden. Jamás amilanarnos y dejarnos enterrar en el desgarro, en medio de la devastación y el colapso de un ecosistema criminal y un Estado disuelto, que nos ha convertido en muertos vivientes. El único acceso al Estado roto es mediante la corrupción. Por el abandono de la ética dejamos pasar muchas situaciones cuestionables que creímos que personalmente no nos afectarían y sin darnos cuenta nos acomodamos al sistema. Dejamos pasar, irresponsablemente, las cosas que llevaron oscuridad y dolor al otro lado, y ahora nos afectan y atraviesan, como una lanza corroída.