Mucha confusión han causado las historias que rondan sobre la vacunación en Estados Unidos y si este país permite que los turistas puedan viajar a ser inoculados a pesar de no ser residentes legales.
En gran parte la expectativa ha surgido del recuento de personas, no solo de Colombia sino de otros países de la región, que efectivamente han logrado vacunarse en territorio estadounidense y luego comparten la información con familiares y amigos, que a su vez mueven esas historias en redes sociales.
Pero también declaraciones de funcionarios en este país que han dado a entender que esto es posible.
La última de ellas la generó esta semana el alcalde de North Miami Beach, Anthony DeFillipo, tras decirle a un exfuncionario colombiano que su ciudad estaba vacunando a miles de turistas sin exigirles prueba de residencia alguna y que, de hecho, ya le había informado de esa decisión a varios consulados locales, entre ellos el colombiano en Miami.
Este mismo funcionario tuvo que retractarse este lunes de esa información, al sostener que las decisiones sobre quién era elegible para ponerse una vacuna le correspondían al Departamento de Salud del estado, y que este, por el momento, las tenía limitadas para residentes del estado o “visitantes temporales”.
Con visitantes temporales, las autoridades se refieren a los llamados ‘snow birds’, o personas que tienen una segunda residencia en este estado y pasan varios meses del año en la Florida para escapar del frío o pasar vacaciones.
En su mayoría son personas que viven en otros estados del país, o a ciudadanos canadienses y de otras naciones que pasan varios meses en este estado todos los años y por lo tanto cuentan con cierto estatus legal.
También han circulado versiones apocalípticas sobre supuestas sanciones y hasta el retiro de visas a turistas que se han vacunado en EE. UU. sin ser residentes.
Hace poco, funcionarios de la embajada de EE. UU. en Bogotá intentaron acallar estos rumores indicando dos cosas, que por el momento son las únicas claras. Que EE. UU. no está castigando a los turistas que viajan para vacunarse a este país, pero que las vacunas son para los residentes y que estos tienen prioridad.
Aun así, el tema es más complejo. Y el fondo de la confusión está en el mismo sistema que se diseñó en EE. UU. para la distribución de las vacunas, que ha sido errático y, por momentos, todo un despelote.
Cuando las primeras vacunas estuvieron disponibles desde finales del año pasado, la administración del entonces presidente Donald Trump optó por un mecanismo bastante polémico, pero que terminó siendo el empleado en todo el país: que las vacunas serían distribuidas equitativamente entre todos los estados basados en el tamaño de su población sin tener en cuenta las necesidades específicas de cada uno.
EE. UU. no está castigando a los turistas que viajan para vacunarse a este país, pero las vacunas son para los residentes y estos tienen prioridad
Es decir, a diferencia de otros países donde se priorizó a médicos y personas de la tercera edad como los primeros recipientes, en EE. UU. cada estado recibe su cargamento y luego son las autoridades de ese estado las que determinan cómo distribuirlas entre la población.
Paralelamente, el Centro para el Control de Enfermedades, CDC, desarrolló un modelo de distribución en el que se dividió a las personas por grupos prioritarios.
Primero, médicos y personas viviendo en ancianatos; luego, individuos con profesiones de alto riesgo –policías, bomberos, enfermeros, etc.– y mayores de 80 años, tras lo cual siguieron los mayores de 65 o menores de esta edad, pero con precondiciones, y finalmente, el grupo de personas entre los 17 y los 65.
En líneas generales, se dejó que los estados diseñaran sus propios sistemas y establecieran los requisitos. Muchos estados siguieron estas recomendaciones, pero las adaptaron a sus propias necesidades o criterios. Y en el proceso fueron quedando muchos vacíos.
En Virginia, para poner un ejemplo, se creó una base estatal para que la gente se registrara y ubicara en la cola una vez se abriera la vacunación de su grupo.
Pero varios condados como Fairfax, donde vive un millón de personas, hicieron borrón y cuenta nueva y optaron por diseñar su propia base de datos, que es la que aplica.
De hecho, muchos estados dejaron en manos de las ciudades y condados el diseño del mecanismo de distribución y en algunos, incluso, transfirieron esa decisión a los proveedores de salud y hasta farmacias.
Aunque el supuesto era que las vacunas se aplicarían en orden de grupo y con el criterio de la residencia, el estándar ha sido muy variable.
Las exigencias han cambiado con el tiempo
En el inicio de la jornada de vacunación en Florida, por ejemplo, no se estaba exigiendo prueba de residencia ni verificación del grupo de vacunación.
Pero muchos residentes comenzaron a quejarse de que ciudades como Miami estaban llenas de turistas que se estaban colando en la fila y otros fingían tener preexistencias para meterse en el grupo que no les correspondía.
La irritación fue grande pues, como se sabe, si bien en EE. UU. la vacuna es gratis, los fondos para desarrollarla y para comprar las dosis suficientes salieron de los impuestos de los contribuyentes.
En febrero, el gobernador del estado, Ron DeSantis, sacó una orden ejecutiva en la que exigió que se pidiera prueba de residencia y documentación sobre la preexistencia.
Pero otro de los problemas con el que se han enfrentado es el de la verificación de la residencia.
A diferencia de países como Colombia, donde existe un documento de identificación único –la cédula–, en EE. UU. ese concepto no existe. Lo único que se le acerca es la licencia de conducción, en la cual se establece la residencia de la persona en un momento dado. Pero muchas personas no la tienen porque no manejan.
Por lo tanto, muchos estados aceptan otra formas de identificación: desde un recibo de servicios públicos donde se establezca una dirección de residencia hasta un contrato de arrendamiento o carnet universitario.
Y en muchos de ellos, dada la multitud de entidades autorizadas para distribuir la vacuna, esta prueba a veces no es exigida. Volviendo al caso de Fairfax, una persona puede registrarse en su sistema automatizado para pedir una cita, y si bien pide una dirección, no hay control para determinar si es real o no.
Una vez en la farmacia o centro de vacunación, los encargados solo piden un documento de identificación que no necesariamente incluye prueba de residencia, como un pasaporte.
También se han presentado infinidad de casos en donde los centros de vacunación han terminado aplicando las dosis que les sobran al final del día a quien se aparezca, pues de lo contrario tendrían que desecharlas.
Y muchos turistas han aprovechado esta ausencia de controles y huecos en el sistema para obtener la vacuna.
Baja demanda
Además, la situación es muy fluida. En los primeros meses del año, la vacunación estaba restringida solo para los residentes de cada estado.
Pero con el paso de las semanas, muchos han levantado esta restricción y ahora vacunan a no residentes, bajo la idea, por supuesto, de que viven en EE. UU. y no son turistas como tal.
Al 15 de abril, 18 estados habían abierto sus puertas a no residentes de otros estados: California, Pensilvania, Míchigan, Puerto Rico, Nuevo Hampshire, Maryland, Carolina del Sur, Alabama, Luisiana, Indiana, Iowa, Minesota, Dakota del Sur, Dakota del Norte, Kansas, Colorado, Nuevo México, Nevada y Alaska.
Texas, que había tomado una decisión semejante, tuvo que dar marcha atrás pues sus ciudadanos se quejaron ya que aún eran miles los que hacían cola y no les había llegado su turno.
El único estado que ha dicho abiertamente que no exige prueba de residencia o legalidad en el país es California, y el requisito es pertenecer al grupo que se está vacunando en el momento.
Pero actualmente todos los estados del país han comenzado a vacunar a cualquier persona mayor de 17 años. Es decir, están vacunando hasta a los indocumentados.
Lo otro que ha venido pasando es que la demanda por las vacunas en EE. UU. ha comenzado a caer. A la fecha, más de 140 millones de personas han recibido al menos una dosis de la vacuna (casi la mitad de la población), pero muchos, especialmente los afiliados al partido republicano y/o conservadores, al parecer han decidido no ponérsela.
Este fin de semana, en la Florida, por ejemplo, uno de los centros de vacunación más grandes en el área de Miami tenía listas 400 vacunas y solo se presentaron 75 personas.
Esa caída de la demanda ha relajado las exigencias de residencia que existían al comienzo y eso se ha traducido en muchos menos controles para turistas que llegan buscando inocularse.
Las cosas podrían cambiar un poco en los próximos días, pues la FDA está a punto de autorizar el uso de la vacuna de Pfizer en mayores de 12 años y se espera que la demanda suba temporalmente.
Crece presión para que EE. UU. comparta vacunas
Debido a las reservas que EE. UU. ya tiene de otras marcas, como Johnson y Johnson y Moderna, es muy probable que se vuelvan a presentar sobrantes.
La administración del presidente Joe Biden, por lo demás, está bajo presión para que distribuya esos excesos en otros países donde sí las necesitan o abra las puertas oficialmente a las vacunas para turistas.
Este lunes, por ejemplo, ya anunció que donará 60 millones de dosis de AstraZeneca a otros países y se esperan decisiones similares en el futuro.
De momento, eso no ha sucedido y la posibilidad de vacunarse como turista en EE. UU. sigue siendo un tema del azar que no ha sido autorizado por ningún estado del país (salvo el caso de California, donde no hacen preguntas).
Fuente: El Tiempo
La entrada Las verdades y mentiras sobre la supuesta vacuna para turistas en EEUU apareció primero en CCNesnoticias.